Por qué NO debería votar por Iván Cepeda: TODA LA VERDAD

enero 10, 2026
Escrito por: Andrés Jaramillo

Abogado Magister con más de 22 años como columnista y redactor de derecho colombiano.

Hablar de Iván Cepeda es hablar de una de las figuras más controversiales de la política colombiana. Para algunos, es un referente de la izquierda y de la defensa de causas históricas; para otros, representa una visión ideológica rígida, confrontacional y poco conciliadora. Desde una mirada ciudadana y crítica, hay varias razones por las cuales no votaría por Iván Cepeda en un escenario presidencial.

Esta no es una negación del derecho de otros a apoyarlo, sino una reflexión sobre por qué su perfil político genera rechazo en amplios sectores del país.

Un liderazgo marcado por el extremismo ideológico

Uno de los principales cuestionamientos a Iván Cepeda es su consagración a una visión ideológica claramente socialista, con rasgos que muchos consideran radicales. En un país como Colombia, con una historia compleja de violencia política, conflicto armado y profundas divisiones sociales, los liderazgos excesivamente ideologizados suelen generar más fractura que cohesión.

De hecho, si en 2022 el escenario electoral hubiera sido Iván Cepeda versus Iván Duque, en lugar de Petro contra Duque, es razonable pensar que muchos colombianos no habrían votado por Cepeda. Su perfil es percibido como más rígido, menos pragmático y con menor capacidad de tender puentes hacia el centro político, un sector clave para ganar elecciones nacionales.

Admiración por el modelo chavista: una señal de alarma

Otro punto que genera profunda preocupación es su postura frente al chavismo. En entrevistas y declaraciones públicas, Cepeda ha llegado a presentar a Hugo Chávez como el arquitecto de un nuevo orden en el continente, hablando de una “integración profunda de nuestros pueblos”.

Para muchos ciudadanos, esta visión no es romántica ni inspiradora, sino alarmante. La dictadura venezolana ha dejado una crisis humanitaria, económica e institucional ampliamente documentada. Que un dirigente colombiano describa ese proceso como una “hazaña” o algo digno de admiración despierta dudas legítimas sobre qué tipo de modelo político y económico respaldaría en el poder.

Nexos con las FARC: una sombra política persistente

Título inevitable en cualquier análisis crítico sobre Cepeda es el de los supuestos nexos con las FARC. Aunque no existe una condena judicial en su contra, su nombre ha aparecido reiteradamente en debates públicos, señalamientos políticos y controversias relacionadas con contactos, cercanías ideológicas o interlocución con sectores del antiguo grupo guerrillero.

Este tema ha sido ampliamente discutido y, aunque también ha sido objeto de desmentidos y verificaciones periodísticas, lo cierto es que la percepción pública persiste. En política, la percepción pesa tanto como los hechos jurídicos, y para muchos votantes esta cercanía simbólica con un actor armado responsable de décadas de violencia resulta inaceptable para un eventual jefe de Estado.

La política de la confrontación permanente

Iván Cepeda ha construido buena parte de su capital político desde la confrontación directa, especialmente con figuras de la derecha y del uribismo. Su carrera está marcada por disputas judiciales, denuncias, señalamientos y una narrativa de “ellos contra nosotros”.

Si bien la denuncia es una herramienta legítima en democracia, gobernar un país requiere algo más que confrontar: exige capacidad de diálogo, construcción de consensos y liderazgo integrador. En Cepeda, muchos ven a un político cómodo en el conflicto, pero poco dispuesto a ceder o negociar en escenarios complejos.

La posición del “no debate”

Un aspecto menos discutido, pero igualmente relevante, es su posición frente al debate público. Cepeda ha señalado en distintas ocasiones que prefiere no aclarar sus ideas políticas en ciertas cadenas radiales o espacios amplios, argumentando el temor a escándalos o tergiversaciones.

Para un ciudadano común, esto puede interpretarse como una falta de transparencia o de disposición a someter sus ideas al escrutinio público. En una democracia madura, huir del debate no fortalece la confianza, especialmente cuando se aspira a liderar un país diverso y crítico.

Un perfil que NO conecta con el centro del país

Colombia no es un país ideológicamente homogéneo. La mayoría del electorado se mueve en zonas intermedias, donde se valora el cambio, pero también la estabilidad. En ese contexto, Iván Cepeda aparece como una figura que habla para su base, pero no necesariamente para la nación en su conjunto.

Su discurso, su historia política y sus referentes internacionales generan resistencia en empresarios, clases medias, trabajadores independientes y ciudadanos que temen que el país se desplace hacia modelos fracasados en la región.

Reflexión final

No votaría por Iván Cepeda porque representa una visión de país profundamente ideologizada, confrontacional y asociada —justa o injustamente— a modelos políticos que han fracasado en América Latina. Su admiración por el chavismo, la persistente sombra de las FARC, su distancia frente al debate abierto y su dificultad para conectar con el centro político hacen que, para muchos ciudadanos, no sea una opción confiable para liderar Colombia.

Esta postura no busca deslegitimar a quienes piensan distinto, sino explicar por qué, desde una mirada crítica y ciudadana, Iván Cepeda genera más dudas que certezas como posible presidente.